Modelos mentales

Los modelos mentales son las percepciones, creencias, opiniones y emociones que tienen los individuos acerca de cómo funciona el mundo. Se conforman y se ven influenciados por la biología, el lenguaje, la cultura y la historia personal. Entender cómo se configuran y se comportan estas estructuras mentales tan arraigadas nos permite detectar las limitaciones que impiden el crecimiento de las personas y los equipos de trabajo.

No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos. - Rafael Echeverría

Nos enfrentamos al mundo con la creencia de que tenemos la capacidad de verlo tal cual es. Cada uno de nosotros habla sobre lo que ve, como si de su boca saliera la verdad. Todos los seres humanos somos observadores, pero como observadores, cada uno de nosotros vemos al mundo de una manera particular. Si alguien tuviese la posibilidad de hablar contigo en este mismo momento, no tendrían una coincidencia perfecta sobre la forma en la que perciben el mundo. Comenzarían a discutir sobre las diferencias que ven. ¿Y cómo se solucionaría? Simple: alguien está equivocado y alguien tiene la razón. Punto. Santo remedio. Y así terminaríamos en una solución demasiado simple para un problema demasiado complejo: bien, mal; correcto, incorrecto; verdadero, falso. ¿Te suena haber pasado por esta experiencia?

Sorprendentemente, Maturana y Varela en su obra El Árbol del Conocimiento, plantean algo radicalmente distinto. Ellos sostienen que los seres humanos no tenemos acceso a la verdad sobre las cosas; todas nuestras percepciones son, en cierto grado, subjetivas. Ellos llaman a este fenómeno “la (realidad)”. Presentan un experimento que podemos regenerar fácilmente con dos círculos grises, uno de ellos rodeado de una zona de color rojizo. Cualquiera que vea esta representación, verá el círculo gris que está dentro de la zona rojiza, con una tonalidad verde-azulada, a diferencia del otro círculo, que simplemente es gris, aunque ambos sean, en realidad, del mismo color: gris.

Los ojos son ambos del mismo color: gris
Ilustración: Maturana y Varela, El Árbol del Conocimiento. Ambos ojos son del mismo color, grises.

Ésta, como muchas otras, la catalogamos como ilusión óptica. El inconveniente que se presenta es que, al verlas como ilusiones, las ponemos fuera y nos olvidamos del papel que nosotros mismos, como observadores, jugamos en esa percepción distorsionada. No podemos separar la percepción de la experiencia. Cuando tú ves un círculo verde-azulado, no solo lo ves, también lo vives, lo experimentas, como si ese círculo fuese así. Para ti “es verde-azulado”.

Asimilar esta nueva forma de entender nuestro comportamiento nos abre un mundo totalmente nuevo. Sin caer en el relativismo absoluto, con sólo respetar las formas de observar de otros, comenzamos a permitir la convivencia de diferentes puntos de vista. Ya no hablamos de verdades u objetividades, simplemente aceptamos y vivimos en paz con quienes opinan y ven las cosas de manera diferente a cómo las vemos.

Podemos encontrar este comportamiento en cualquier familia, pareja, equipo de trabajo, en cualquier organización, ciudad, sociedad, país. No todos vemos las mismas cosas, no todos tenemos la misma interpretación frente al mismo hecho.

¿Qué son los modelos mentales?

Habiendo ya visto que cada quien es un observador particular del mundo que lo rodea, veamos los modelos mentales.

Peter Senge, en The Fifth Discipline, define los modelos mentales con las siguientes palabras:

“Los modelos mentales son imágenes internas, que están profundamente arraigadas, de cómo funciona el mundo, imágenes que nos limitan a las formas familiares de pensar y actuar. Muy a menudo, no somos conscientes de nuestros modelos mentales o los efectos que tienen sobre nuestra conducta”.

Ya no solamente estamos hablando acerca de cómo vemos el mundo, sino también acerca de cómo actuamos en el mundo. Estos modelos mentales se conforman y se ven influenciados desde diferentes frentes: biología, lenguaje, cultura e historia personal.

Biología: el contacto que el modelo mental tiene con el mundo que lo rodea es el sistema nervioso. Como seres humanos, no podríamos percibir un mundo externo a nosotros si no fuese por nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso. Maturana y Varela plantean que el sistema nervioso, a diferencia de la creencia tradicional, es un sistema cerrado: los eventos que acontecen fuera de nosotros sirven de catalizador para procesos internos que les dan sentido. En definitiva, la experimentación del mundo sucede dentro nuestro, no hay algo así como una experiencia allí afuera que sólo esté esperando ser vivida. La experiencia que los gatos tienen por las noches no es la misma experiencia que nosotros como seres humanos tenemos, principalmente porque nuestra biología no nos permite experimentar la oscuridad de la misma manera que la de ellos. El ambiente, los objetos, las distancias, la cantidad de luz, los olores, los ruidos, son exactamente los mismos, pero la realidad experimentada por el gato y los seres humanos son radicalmente diferentes.

Lenguaje: tan pronto la información atraviesa los sentidos, se topa con nuestro lenguaje. El lenguaje que usamos constituye el universo de conceptos lógicos con el que cada uno de nosotros cuenta para catalogar todo aquello que lo rodea: la inteligencia. Investigaciones de no muy larga data dan cuenta que los seres humanos somos capaces de observar y experimentar solo aquellas cosas que existen en nuestro lenguaje.

Cultura: aquello que fuimos capaces de observar por medio de nuestra biología y nuestro lenguaje, ahora se encuentra con el filtro cultural que tenemos. Schneider en su libro The Reengineering Alternative define la cultura como “la forma en la que hacemos las cosas aquí para ser exitosos”. La cultura es el modelo mental colectivo de un grupo de personas que se modeló a partir de experiencias de aprendizajes colectivas. Puede ser de una familia, de un grupo de amigos, de un equipo de trabajo, del departamento de Marketing, de una organización entera, de un país, etc. Frases como “Aquí no levantamos la voz”, “Aquí buscamos que todos participen”, “Aquí el cliente siempre tiene razón”, “Aquí se respeta la jerarquía”, “Aquí nos importan las personas”, etc., revelan las premisas culturales. Estas culturas, muchas veces son referenciadas como el sentido común o prácticas sociales que se tornan transparentes a nuestros ojos: no sabemos que las tenemos y suponemos que todos comparten las mismas premisas.

Historia personal: Las personas que van formando parte de nuestra historia personal dejan huellas que son el cuarto modelador de nuestro modelo mental. A partir de las experiencias del pasado vamos forjando nuestros juicios maestros. Los juicios maestros son, según Echeverría y Olalla, “calcos del alma de una persona”. Estos juicios se anclan en lo más profundo de nuestra consciencia y son los que determinan y condicionan la manera en la que actuamos. “Esto no lo puedo permitir, me va a escuchar!”, “si la vida te castiga, ponle la otra mejilla”, “yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar”, “el del automóvil de atrás me está haciendo luces a mi! ¿Quién se cree que es?”, etc. Todas estas frases dejan entrever el modelo mental de cada una de las personas que las emiten.

Los mecanismos de defensa del modelo mental

Dentro de los modelos mentales, que cada uno tenga sus supuestos, opiniones, interpretaciones, inferencias, etc. no tiene nada de malo. El problema aparece cuando las personas creen que su forma de ver las cosas es la única correcta, o lo que es lo mismo, que está en lo cierto. Quien vive sumergido en el paradigma de “yo estoy en lo cierto” pasa gran parte de su tiempo preocupado por hacerles notar a aquellos que no ven el mundo del mismo modo lo equivocados que están.

Las opiniones negativas o descalificadoras hacia los puntos de vista diferentes no son ni más ni menos que los mecanismos de defensa del modelo mental. Y esos otros, los que están equivocados, ahora son exponentes del error. [Humberto Maturana](https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/119932(https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/119932) mencionaba que cuando aparecen personas equivocadas, es también cuando aparece el odio por sobre el amor. ¿Y cómo hacemos para preservar el amor? Maturana recuerda que no importa lo que hayan dicho mientras seamos conscientes que “todo lo dicho es dicho por alguien”.

Como no somos capaces de percibir la realidad tal cuál es, cada uno de nosotros hacemos lo que podemos y vivimos en nuestra propia realidad.

Ahora, esta visión parece chocar con esas frases como por ejemplo cuando un compañero de trabajo dice “No, así no vas a lograr nada, realmente debes decirle a Juan que te ayude”, o “esto es todo muy lindo en la teoría, pero en la realidad no funciona”. La palabra realmente o la referencia a la realidad, cuando queremos expresar nuestro punto de vista, es un recurso retórico, dicen Maturana y Varela, que llama a la obediencia del otro, para que, quien ve las cosas de una forma diferente a nosotros, deje de hacerlo y adopte nuestro modelo mental. Lo podemos ver cuando un gerente le dice a los colaboradores que ha hablado con el cliente y realmente hay que entregar los cambios para el lunes, en vez de reconocer que no tuvo la capacidad de negociar otra fecha o que lo que él quiere es que se entregue el lunes mismo. Lo vemos cuando un trabajador dice que realmente es imposible hacer algo para una determinada fecha, en vez de decir que él no ve la manera de lograrlo.

Argumentar referenciando a 'la realidad', es un recurso retórico, para que el otro adopte nuestro modelo mental

Cuando alguien no opina igual que tú, ¿qué camino eliges? ¿Te preocupas por que entienda lo equivocado que está o aceptas que los otros vean las cosas según sus modelos mentales? ¿Te preocupas por explorar otras alternativas a la forma en la que tu ves el mundo?

Con respecto al equipo con el que trabajas, ¿Se dan situaciones donde los miembros discuten para ver quién es el que tiene la razón? ¿Qué sucede en esas conversaciones? ¿Cuál es la emoción que las domina? Estas preguntas te servirán para generar un contexto más inclusivo, o al menos identificar qué tan inclusivo es el contexto en el que estás trabajando.